Se llama Eric Morris. Trabajé cinco años con él y con su mujer, Susana Morris, en Los Ángeles. Él ya no enseña; yo soy el único que enseña su sistema en España. Esto es entrenamiento para cine y ficción: no es teatro.
Grupos de 16 · Martes de 16 a 20 h o miércoles de 10 a 14 h · Cuatro horas de cámara a la semana
Esto no es teatro. No es expresión corporal. Es lo que tienes que ser capaz de hacer cuando se enciende el piloto rojo.
Te sabes el texto. Te lo sabes desde el jueves.
Y aun así, en el segundo diez, oyes salir tu propia voz con un tono raro y ya no estás en la escena: estás fuera, mirándote, corrigiéndote, gestionando la cara.
Terminas, das las gracias, bajas al metro y piensas “yo no soy eso”.
Y tienes razón. No eras tú el que estaba ahí dentro.
Tres semanas después ves quién se lo ha llevado. Y actúa peor que tú.
No es que no valgas.
Es que te has pasado tres años estudiando y nadie te ha enseñado lo único que hacía falta: cómo llegar delante de la cámara siendo ya la persona capaz de hacer esa escena.
Te han dicho “siéntelo más”. “Relájate”. “Confía en ti”.
Eso no son herramientas. Eso son deseos. Y sin herramientas, delante de una cámara, el miedo gana siempre.
Eric Morris se pasó cincuenta años en Los Ángeles construyendo herramientas concretas para exactamente ese momento. Instrumentos que se usan antes de que digan acción, para llegar limpio.
Yo estuve cinco años trabajando con él.
Eso es lo que se entrena aquí, cuatro horas a la semana, con la cámara encendida. No para que sepas más de interpretación: para que el día del casting seas capaz de hacer lo que ya sabes hacer.
De cada escena te mando dos vídeos: la primera toma y la última.
Para que veas la distancia entre las dos. Ahí es donde se ve si estás mejorando o te lo estás contando.Trabajas. No todo el año, pero trabajas.
Y hace tiempo que sabes una cosa que no le has dicho a nadie: que entregas siempre lo mismo.
Tienes dos o tres registros que te funcionan, los tienes afinadísimos, y los repites. Cumples. Nadie se queja.
Y por eso te llaman para lo que ya saben que haces. Cuando aparece el papel que cambia una carrera, llaman a otro.
No es falta de talento. Es falta de mantenimiento.
Un pianista que no toca en cinco años no da conciertos, y todo el mundo lo entiende. A un actor nadie se lo dice: que el instrumento se oxida, que se oxida en silencio, y que cuando te das cuenta llevas tres años dando el mismo tono.
Y no hay dónde entrenar. Solo hay castings. Y en un casting no se entrena: se aprueba o se suspende.
Esto es un sitio donde entrenar sin que nadie te esté evaluando. Cuatro horas a la semana, ante la cámara. Y de cada escena que terminas te mando la primera toma y la última, para que veas lo que estás haciendo de verdad y no lo que crees que haces.
No es un curso que termina. Es un gimnasio que sigue abierto.
Casi toda la formación actoral en España te enseña a analizar el personaje: qué quiere, de dónde viene, cuál es su objetivo. Está bien. Y no te sirve de nada a las 10:40 de la mañana en una sala de castings de Madrid, cuando llevas veinte minutos esperando y tienes el cuerpo agarrotado.
Morris trabajó sobre el otro lado del problema: el estado del actor antes de empezar. Su punto de partida era que no puedes interpretar una emoción que no estás teniendo, y que el instrumento —tú— llega al plató con tensión, con vergüenza y con ganas de gustar. Todo eso está entre tú y la escena.
Así que construyó herramientas para quitarlo de en medio. Concretas. Aplicables. Que se hacen, no que se entienden.
Lo pongo con detalle porque sé que la pregunta que no me haces es “¿y si hago el ridículo delante de gente que no conozco?”. Esto es lo que hay:
Trabajo sobre tensión, bloqueo y disponibilidad. Nadie actúa todavía. Es la parte que casi ninguna escuela hace y es la que decide todo lo que viene después.
Ejercicios concretos del sistema, guiados. Se aprende haciéndolos, no escuchando cómo se hacen.
Escenas y autograbados con material real de cine y ficción. Se trabaja, se revisa el monitor, se vuelve a hacer. Aquí es donde ves la diferencia entre lo que crees que estás haciendo y lo que está saliendo.
Y te mando dos vídeos: la primera toma y la última. No como recuerdo: para que veas con tus ojos la distancia que hay entre las dos. Ahí es donde se ve si estás mejorando de verdad o te lo estás contando.
Ese material es tuyo, sin marca de agua y sin pedirme permiso para usarlo. Guárdalo, compáralo de un mes a otro y, cuando el trabajo esté a nivel, úsalo para tu vídeo de representantes o para mandarlo a una prueba.
Martes por la tarde o miércoles por la mañana. Están pensados para que puedas venir aunque estés rodando, haciendo bolos o yendo a pruebas — que es exactamente cuando más falta hace entrenar.
El curso va de octubre a junio. Se entra por la clase de prueba, que es en septiembre.
Clase de prueba el martes 15 de septiembre. El curso arranca la primera semana de octubre.
Clase de prueba el miércoles 16 de septiembre. El curso arranca la primera semana de octubre.
Son 16 por grupo y no es una técnica de venta. En una clase de cámara de cuatro horas, si sois más de dieciséis no trabajas: miras trabajar a otros. Y tú no vienes a mirar.
Cuando se llenan, se llenan. Hay lista de espera y voy llamando por orden según se libera sitio o abro grupo nuevo.
Y funciona así de simple: reservas tu clase de prueba con un Bizum de 20 €. Si al terminarla confirmas, la plaza es tuya. Si no la confirmas ese día, se libera y pasa al siguiente de la lista, que vendrá a hacer su prueba la semana siguiente.
Sin matrícula. Sin permanencia. Se paga mes a mes.
Te aviso: esto te lo estoy vendiendo yo. Ponte el sombrero de escéptico y sigue leyendo.
Este precio está por debajo de lo que cuesta un entrenamiento semanal ante la cámara en Madrid, y está así a propósito. Es el primer año que monto los dos grupos con este formato y lo que quiero es llenarlos rápido y salir de esta temporada con vídeos de mis alumnos trabajando bien. Tú entras barato; yo consigo mi escaparate. Me parece justo.
El año que viene las clases van a costar 135 € todos los meses. Sin escalado y sin tarifa de continuidad. Este año lo hago así a propósito, para ayudar a actrices y actores que de verdad quieren comprometerse con su instrumento. Tú decides en qué lado de esa subida quieres estar.
Y los 95 € de enero no son un descuento: son una tarifa de continuidad, una manera de premiar a quien se compromete. Si te sales del curso y más adelante quieres volver, vuelves a entrar a 125 €. Salvo que te vayas por un rodaje o por teatro — eso me lo dices, te vas, y cuando vuelvas hablamos de si te puedo mantener la tarifa. Esto está montado para actores que trabajan.
No soy un profesor que dejó de actuar. Soy un actor que además enseña, y eso cambia lo que puedo contarte: lo que te digo el martes es lo que estoy usando yo en un rodaje.
Las clases son en Menéndez Pelayo, en el local de una agencia de representación de actores. No prometo a nadie que le vayan a representar —eso sería mentirte—, pero entrenas en el sitio donde se mueve el trabajo.
“Es muy interesante tanto para actores veteranos como noveles. Todo un hallazgo.”
Carlos Martín London“Un espacio donde profesionales del medio hemos seguido aprendiendo.”
Javier Sáez“Me encantó el curso, me llevo muchos aprendizajes y herramientas para mi proceso como actor.”
Gianluca Alessi“En las clases de Manu se aprende y se investiga al mismo tiempo. Buenísimas.”
Álvaro Luque“La mejor experiencia y aprendizaje que he tenido, junto a un grupo de compañeros formidables. Recomiendo este curso 100%.”
Enith Sebastien“Manuel pone todo el amor y el cuidado que este tipo de profesión necesita.”
Priscilla MuscatDepende, y prefiero decírtelo claro antes que cobrarte. Este entrenamiento funciona muy bien con gente que empieza en serio, porque no arrastra vicios. No funciona con quien busca un hobby de los martes: el nivel del grupo es alto y hay profesionales trabajando dentro. Ven a la clase de prueba y lo vemos los dos en cuatro horas. Si veo que no es tu momento, te lo digo.
Un monólogo. Cualquiera y de tres minutos como mucho: de una serie, de una película, de teatro, o escrito por ti. No hace falta que lo lleves clavado, ni que lo hayas trabajado con nadie, ni que sea gran literatura. Solo que sea tuyo y que te diga algo.
Te lo pido por dos razones y te las digo las dos. La primera: en esas cuatro horas no voy a explicarte nada, voy a verte trabajar y sobre todo a que tú te veas en el monitor. Sin material no hay clase, hay charla. La segunda, más incómoda: el que se molesta en llevar un monólogo preparado a una clase de prueba es el que va en serio. Y esos son los que quiero en el grupo.
No. La primera hora de clase no actúa nadie: se trabaja el instrumento. Y la vergüenza no es un defecto tuyo que haya que vencer a lo bruto, es exactamente uno de los obstáculos sobre los que trabaja este sistema. Es material de clase, no un requisito de entrada.
Que vas a rodar, faltaría más. Esto está montado para actores que trabajan. Avísame y, si hay hueco, recuperas esa semana en el otro grupo.
En dos cosas concretas. La primera: aquí no se estudia teoría de la interpretación, se entrena el estado del actor con herramientas del sistema de Morris, que no se enseña en ningún otro sitio de España. La segunda: la cámara está encendida la mitad de la clase y de cada escena que terminas te mando la primera toma y la última. Es un entrenamiento para cine y ficción, no un taller de teatro.
No hay permanencia ni matrícula. Se paga mes a mes y te vas cuando quieras avisando antes de que empiece el mes siguiente. No quiero a nadie atado por contrato: quiero a gente que vuelve porque le está sirviendo.
Tuyo, sin matices y sin letra pequeña. Cuando terminamos una escena te la mando: la primera toma y la última. Sin marca de agua, sin logo encima y sin tener que pedirme permiso para usarlo. Puedes mandarlo a una prueba, enseñárselo a un representante o montarte tu vídeo con ello.
Y te mando las dos tomas a propósito. La primera es cómo llegaste a esa escena; la última es dónde la dejaste después de trabajarla. Esa distancia es la única prueba honesta de que esto funciona — y también la única forma de que veas cuándo no ha funcionado, que también pasa.
Lo digo tan claro porque en muchos sitios se graba y el material se queda en la escuela, o te lo dan meses después, o con el logo puesto.
Me escribes por WhatsApp o por email, te digo qué día hay sitio y te paso la dirección. Haces un Bizum de 20 € y con eso tu plaza en la clase de prueba queda reservada — no antes. Es lo único que separa a quien va a venir de quien lo está pensando.
Y quiero que sepas cómo funciona lo que pasa después, porque es la parte que le da sentido a todo lo demás: si al terminar la clase de prueba no confirmas tu plaza en el grupo, esa plaza se libera y pasa a la siguiente persona de la lista, que podrá venir a hacer su prueba la semana siguiente.
No lo hago para meterte prisa. Lo hago porque son 16 sitios y hay gente esperando: si el que ya ha venido se queda con la plaza «por si acaso», el que está en la lista no entra nunca. Así que la decisión se toma el mismo día, con la clase todavía en el cuerpo. Y se toma en los dos sentidos: si me dices que no, tampoco pasa nada.
No. Cuesta 20 €. Y no se descuenta de nada: no es una señal ni un vale, es el precio de la clase.
Son cuatro horas enteras, las mismas que una clase normal, con el grupo trabajando y la cámara encendida. Veinte euros por cuatro horas de entrenamiento ante la cámara. Si luego te quedas, empiezas la mensualidad desde cero; y si no te quedas, has entrenado una tarde entera por veinte euros. En los dos casos sales ganando tú.
Por dos razones, y te las digo las dos.
La primera: cuando es gratis se apuntan diez y vienen cuatro, y cada uno que no aparece le quita el sitio a alguien que sí iba a venir. La segunda, más simple: es una clase de verdad. No es una demostración de media hora ni una charla informativa — son cuatro horas trabajando delante de la cámara. Regalarla sería decirte que esas cuatro horas no valen nada, y sí valen.
Veinte euros por una tarde entera de entrenamiento es un precio ridículo, y aun así prefiero cobrarlo a que vengas sin nada en juego.
No. Las clases son en el local de una agencia de representación, y eso significa que entrenas dentro de la industria — pero prometerte representación sería mentirte y no lo voy a hacer. Lo que sí tendrás es material grabado en condiciones para enseñárselo a quien quieras.
En calle Valderribas 6, bajo, en el local de la Agencia Acción Actores. Está junto a Menéndez Pelayo, Madrid.
No enseño de memoria. Enseño de esta temporada.
El Castillo (Movistar Plus+) · FESTEN, Centro Dramático Nacional · Teatro EspañolNo te voy a pedir que te fíes de una página web. Te pido cuatro horas.
Rellena esto y te escribo yo por WhatsApp para decirte qué día puedes venir y pasarte la dirección. Si después de la clase de prueba no lo tienes claro, me lo dices sin dramas y aquí no ha pasado nada.
Dos cosas por delante: la clase de prueba cuesta 20 € —se paga aparte y no se descuenta de nada; son cuatro horas de clase entera, no una demostración—, y te traes un monólogo. Tres minutos como mucho, el que quieras, sin necesidad de llevarlo perfecto. Vienes a trabajar, no a mirar.
Si prefieres escribir en vez de WhatsApp: hola@estudiomanucuevas.com